Relato de quien no quiere ser olvidada

¡Hola! Mi nombre es Andrea y soy muchas cosas, como... Un fantasma o espíritu o, o… o lo que sea. Pero para ser sinceros estoy muerta y sigo aquí porque tengo tres hijos que cuidar. Además de que dicen que si me voy dejaré de usar las computadoras y sí, lo acepto, son mi debilidad. Soy la típica doña nadie que salió como noticia trágica en la parte de sucesos en los periódicos… mis únicos cinco minutos de fama... Qué triste, ¿no? Cuando estaba viva soñaba con convertirme en una de las mejores pasteleras del mundo pero ya ves, no se pudo. Estaba casada con un hombre muy especial, tan especial que su corazón le alcanzaba para amar a toda su familia y hasta a una mujer de más. Por alguna razón yo no lograba tener hijos pero si producía óvulos así que decidimos alquilar un vientre. Duramos tres meses antes de conseguir a una linda chica y aparentemente confiable, sorprendentemente logro concebir trillizos todas de sexo femenino pero como eran muchas decidimos contratar a esa chica como su niñera. Así pasaron largos 13 años.
Era curioso que ella nunca saliera con algún chico ni con amigas, casi nunca hablaba y vestía de colores opacos como sus ojos y su sonrisa parecía muerta en vida, sin embargo, con todo y eso era muy linda. Claro está que yo era mucho más hermosa, no dudes eso. Me encantaba viajar pero la última vez que viajé me tocó irme sola y volví a los 5 días… en realidad eran 7… pero no aguantaba un día más sin mis hijas. Así que llegué de pronto y quedé sorprendida pues la niñera estaba radiante y felizmente acostada en mi cama jugando con mi marido a las escondidas bajo las sabanas.
Terminé por correrlos y hasta planeaba mudarme de esa casa que tanto me gustaba y más nunca ver esa cama que me provocaba nauseas. Pero la misma noche de mi llegada tocaron la puerta y la verdad estaba tan triste y enojada que no tenía fuerzas para abrir. Tocaban cada vez con más fuerza. Sabes quién era, ¿verdad? Pues, era ella, mi ex niñera. Preguntó por las niñas y le dije que estaban durmiendo. Ella me dijo que tenía que hablar conmigo a solas y me llevo al sótano y no dijo ni una palabra más. Al llegar al sótano sacó un cuchillo y comenzó a apuñalarme. No… no pongas esa cara pues no me dolió; ya no sentía dolor, ¿sabes? Lo único que podía dolerme en ese momento eran mis hijas.
Aun Santiago me busca, nadie ha logrado sacarme del sótano. Y aunque me busque está muy ocupado con su nueva esposa, y las niñas cada día peguntan menos por mí, se están olvidando de mí, ¿verdad? Pero bueno, al menos espero que estén felices. Yo debo irme ya, está a punto de amanecer. Si quieres puedes volver mañana y hablamos otra vez; tu también deberías irte, por cierto. El sol castiga a aquellos como nosotros que rompemos la regla de nuestro horario. Si quieres saber más vuelve pronto y así serás mi amigo y yo tu ayudante. La puerta del fondo está siempre abierta; no podrán verte así que no te preocupes… Después de todo ya estás también muerto. ¡Bienvenido! ¡Adiós!




